Beatrix Potter.

Beatrix Potter fue conocida por publicar a principios del siglo xx una serie de cuentos infantiles basados en la vida de unos animalitos antropomorfizados. Sin embargo, su vida encierra una lucha continua por la independencia dentro de una sociedad, la victoriana, en la que el papel de la mujer queda reducido al hogar. De haber podido estudiar hubiese llegado a ser naturalista. Sus dibujos muestran una inclinación hacia la ilustración científica.

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Fue una de las primeras en sugerir que los líquenes eran una relación simbiótica entre los hongos y las algas. Pero al ser mujer no se le permitió publicar su trabajo. Tuvo que pedir a su tío que leyera el trabajo en la Sociedad científica. En 1997 el Linneo de Londres editó un desagravio público.

Recibió una buena educación, ya que procedía de una familia acomodada. Su padre a pesar de ser abogado, no ejercía la profesión. Ocupa su día a día en diversos clubs de caballeros. Su madre se acomodaba a los estereotipos de la época, dedicándose a recibir visitas. La familia vivía de las herencias. Los niños, Beatrix y su hermano Bertam, fueron educados por institutrices. A penas salían de casa ni trababan a mistad con otros niños. Sin embargo, se les permitió tener animales como mascotas.

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A raíz de ello los dos hermanos comenzaron a retratar a sus mascotas, conejos, erizos, ratones. Estudiaban sus movimientos y comportamientos. Ambos habían recibido clases de dibujo y pintura que aprovecharon para hacer sus dibujos. Con el tiempo Beatrix se convirtió en una ilustradora de cuentos infantiles.

Al crecer sus padres le hicieron cargo de la casa. Debía vigilar a los sirvientes y controlar las cosas de la casa. Esto supuso un problema para su desarrollo intelectual y artístico. Su tío, dándose cuenta de sus capacidades, intentó que ingresara como estudiante en los Reales Jardines Botánicos de Kew, pero fue rechazada por ser mujer.

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Cuando tenía veintisiete años Beatrix creo el primer boceto de la historia del conejo Perico. Se lo mandó a los hijos de su antigua institutriz, Annie Moore. Ésta le animó a publicar la historia, que incluía las ilustraciones hechas también por ella. Aquí comenzó una larga búsqueda para conseguir que alguna editorial accediera a publicar las fabulas de una mujer.

Por fin consiguió que una casa editara sus obras, que tuvieron un éxito no esperado. Las pequeñas obras se vendieron con facilidad y pronto Beatrix tuvo unos ingresos propios. Sin embargo, esto la separo más de sus padres, que no veían con buenos ojos la relación entre ella y su editor, Norman Warne. Betarix y Norman se habían prometido en secreto, a pesar de la oposición de su familia, que considerada que su hija no podía casarse con alguien que necesitara trabajar para vivir. Por desgracia Norman murió al poco tiempo.

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Después de aquello Beatrix siguió publicando sus fabulas de animales, pero se mudó a una granja en el Distrito de los Lagos. Pasó el resto de su vida allí cuidando de su granja de cerdos. Terminó casándose con su abogado William Heelis. Sus padres no vieron con buenos ojos este matrimonio. Pero Beatrix ya gozaba de la independencia con la que había soñado desde niña.

Fue adquiriendo tierras con el dinero de sus obras y con la herencia que le dejaron sus padres. Preocupada por mantener ese paisaje que amaba desde niña, cuando pasaba los veranos allí, Potter se dedicó a mantenerlo. A su muerte dono sus tierras al National Trust.

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Hace unos años se realizó una película sobre su vida y su búsqueda de independencia. La vida de esta mujer recuerda lo que decía Virginia Wolf sobre la habitación propia y las dificultades que tienen las mujeres para desarrollar su potencial y sus intereses. Wolf afirmaba que una mujer debe tener dinero y un cuarto propio para poder escribir, es decir, debe gozar de la independencia y libertad que posee el hombre. Eso en la época en la que nació Beatrix se veía obstaculizado por la sociedad que veía en las mujeres sólo una figura casera. Potter podría haber sido una gran naturalista, como muestran algunos de sus estudios no publicados. Sin embargo, tuvo la suerte de encontrar una vía de escape con sus pequeños cuentos.

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Bibliografía:

Bollmann Stefan, (2007), Las mujeres que escriben también son peligrosas, Madrid, ed. Maeva.

Virginia Wolf, (2003), Un cuarto propio, Madrid, ed. Horas y Horas.

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