Brujas, meigas y hechiceros II.

Si la semana pasada se recorrió el nacimiento de la brujería en el mundo clásico, en esta se introduce el auge del cristianismo y  su mezcla con las creencias anteriores. Se presenta, pues, la historia de la brujería en la Alta Edad Media y las leyendas provenientes del  mundo celta y germánico.

  1. Paganismo y cristianismo.

El choque de dos culturas produce siempre una mezcla y una alteración de las creencias. Se puede apreciar muchos ejemplos a lo largo del tiempo, como el caso de la mitología clásica en la que los dioses se transforman y cambian de nombre tomando las características de otros anteriores. Éste también es el caso del cristianismo, que trato o bien de conferir a las fiestas y dioses paganos de un sentido cristiano o bien de desterrarlos de la memoria de la gente. Pero esto último es más complicado, por lo que se suele optar por lo primero. De esta manera festividades como la del solsticio de verano, dedicado en la época pre cristiana al dios Velenos, paso a ser la fiesta de San Juan. Aunque curiosamente la costumbre de encender hogueras pervive en algunos lugares de Europa. Esto mismo ocurre con la magia y las brujas, que quedan asociadas al demonio. Corren pareja suerte las tradiciones clásicas como la de origen celta o nórdico.

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  • Las divinidades paganas.

En estas tradiciones ocurre lo mismo que en el mundo clásico, es decir, se distingue una magia usada de forma oficial y legitima de otra relacionada con ciertas mujeres. Por ello en la zona de Alemania el papel que jugaba Diana o Hécate en Roma lo juega la hechicera Holle o Holda y Herodiade.

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Según las leyendas y cuentos Holle es una diosa del tiempo atmosférico, asociada sobre todo al invierno. Se decía que nevaba cuando Frau Holle sacudía su almohada. Se la suele representar cabalgando a lomos del viento. Se la ha relacionado también con las diosas lunares y de la fertilidad. De ahí que fuera protectora de los alumbramientos. En uno de los cuentos de los hermanos Grimm aparece como una vieja hechicera, que tiene como responsabilidad hacer nevar sacudiendo su almohadón. La historia narra la historia de dos hermanas, una trabajadora y buena, la otra perezosa. Al final del relato Holle premia a la buena y castiga a la holgazana. El cuento lleva el nombre de Frau Holle o Madre invierno.

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Etimológicamente se puede encontrar una conexión entre ella y  Hel, diosa de los infiernos e hija de Fenrir el lobo- Hölle en alemán es infierno. Antes del cristianismo solía ser considerada una diosa protectora, pero su vínculo con la diosa Hel y con la luna la llevo a tomar un papel más oscuro. Por ello se convirtió en la protectora de las brujas y éstas volaban, según las creencias populares, para celebrar sus conventículos presidios por Diana o por Holde.

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“Hay que añadir, además, que ciertas mujeres criminales, convertidas a Satán, seducidas por las ilusiones y fantasmas del demonio, creen y profesan que durante la noche, con Diana, diosa de los paganos (o con Herodiade) e innumerables multitud de mujeres, cabalgan sobre ciertas bestias y atraviesan los espacios en la calma nocturna, obedeciendo a sus órdenes como a las de una dueña absoluta.” (Canon Episcopi; Caro Baroja, Las brujas y su mundo, pág. 97)

  • Las meigas y bruxas gallegas.

En otras tradiciones se pueden ver personajes similares que son asociados al demonio y a la brujería con la entrada del cristianismo. En la cultura celta están las druidesas, hechiceras de la zona de la Galias en la época del Bajo Imperio Romano que eran consultadas incluso por personas importantes.

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Otro ejemplo serían los cuentillos sobre meigas o bruxas provenientes de Galicia. Según la tradición no todas las meigas eran maléficas, pero sí la mayoría. Lo que hoy en día es un símbolo de la nacionalidad gallega era en aquel entonces un estigma social. Se las considerada como causantes del mal de ojo o meigallo,  también se creía que chupaban la sangre de los jóvenes y agotaban los campos. Aún hoy en los pueblos de Galicia se coloca una planta encima de la puerta de entrada para ahuyentar el meigallo. La Queimada o con su conxuro sirve para el mismo fin, alejar a las bruxas y encantadoras.

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“Hay gentes en Galicia que creen el Meigallo cosa cierta, considerándolo como obra de la envidia. Se introduce en el cuerpo de la persona que ha sido elegida, y que es generalmente una joven abandonada por su novio, o una mujer que se cree víctima de una envidia. La persona que padece este embrujamiento no entra de buen grado en la iglesia ni atiende a la misa; pero los parientes y amigos o amigas le obligan a oír la misa cantada; (…) no cesan de decirle un poco sobrecogidos y autoritarios: ¡bótao fòra! ¡bótao fòra!” (Eladio Rodríguez González, Diccionario enciclopédico gallego- castellano)

Una explicación de este meigallo o encantamiento es que en las zonas rurales se tenía a la enfermedad como un castigo mágico. De ahí la cantidad de lugares que en estas tierras tiene una fuente o cueva con propiedades sanadoras, como es el caso de San Andrés de Teixido, y la multitud de medallones y talismanes.

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Paganismo y catolicidad se asocian en los promiscuos ensalmos de la Galicia labriega. Sobra ejemplos (…) Muchos talismanes giran en la eterna órbita de la piedra y de los huesos de animales totémicos. Al cayado aórtico del ciervo se le atribuyen fantásticas virtudes terapéuticas; y es prodigio que acaso arranque de la prehistoria. La cabra montesa, buena conocedora de antídotos vegetales, cría en su buche la piedra beozar, que en la Edad Media alcanzó precios de escándalo” (Sánchez Dragó, Fernando, Gárgoris y Habidis. Una historia mágica de España, pág. 316)

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Entre las leyendas gallegas se encuentra también la de los mouros. Los Mouros son los agentes de la magia y los que esconden los tesoros en estas tierras. Nada tienen que ver con los moros y musulmanes, sino que son una raza mitológica a la que se ha relacionada con los elfos, hadas, trasgos o gnomos. Su significado sería el de foráneo, forastero, lo diferente. Según las leyendas los mouros guardan los tesoros acumulados o escondidos en los famosos castros gallegos. Se cree que estas historias se pueden deber al hecho de que en el tiempo de los romanos se extraía gran cantidad de metal de Galicia y en general de España.

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  1. La respuesta de la iglesia ante la brujería en la Alta Edad Media.

Se podría seguir recopilando historias y leyendas sobre la magia y las brujas por las tradiciones de los pueblos de Europa, pero llevaría demasiado tiempo. Ahora me voy a centrar en la respuesta de la iglesia a estas creencias populares que llegan a anclarse en tiempos muy remotos y que incluso hoy siguen vivas en algunos lugares. Resulta curioso destacar que la postura de los padres de la iglesia, como San Agustín de Hipona, era mucho más racional que la que se ve en el Renacimiento y en la época Moderna.

No pone en duda la creencia de las gentes en las brujas y los encantamientos, sino la realidad de lo que se narra que ocurre en los conventículos. Tales historias de vuelos nocturnos y transformaciones mágicas las explican como un ensueño imaginativo, es decir, como producto de la fantasía de las gentes simples.

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Un ejemplo de ello es la respuesta de un sacerdote ante lo que le contaba una feligresa, que juraba ser una bruja y poder entrar en su casa cuando estaba todo cerrado. El cura le hizo entrar en la sacristía y mientras la golpea le preguntaba por qué no salía volando. Pero viendo que la mujer no se movía añadió: “Bien veis que sois unas locas al creer en vuestros sueños insensatos”. Ésta es una muestra de lo que pensaban la gente de iglesia en aquellos tiempos, considerados normalmente como una época atrasada. “Sueños: he aquí la clave de todo, y sueños de vejezuelas parleras y pretenciosas. Más no podría haber dicho un racionalista del siglo xix.” (Caro Baroja, Julio, Las brujas y su mundo, pág. 100- 101)

La iglesia en ese momento intentaba superar esas viejas creencias, que seguían arraigadas en el pueblo. Para vencer las leyendas y el miedo en las hechiceras, en resumidas cuentas, para distanciarse del paganismo había que negar la realidad de los mismos. A partir de las conversiones masivas se creyó que el cambio era sólo superficial y que la gente mantenía a la vez sus antiguas creencias. De ahí que muchos sacerdotes y doctores de la iglesia consideraran aquello fruto de la superstición e, incluso, hablaban de ciertas drogas y sustancias, que eran las que les hacía creer en aquellos vuelos y reuniones.

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El famoso “canon Episcopi”, cuyo autor se desconoce, no se divulga hasta el siglo ix. Es en él donde se reúne una teoría sobre el culto de brujería. No se sabe mucho de quien lo escribió, pero sí se puede deducir que era lo suficiente culto como para conocer a Horacio. En el texto se intenta racionalizar los cultos paganos y las creencias en las hechiceras. Resulta curioso que, a pesar de criticar estas prácticas, sea uno de los documentos que recoge lo que considerada perteneciente al culto a Diana y al mundo de la magia. La primera mención a un aquelarre se puede ver entre sus páginas.

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Esta tendencia racionalista en la iglesia se mantiene hasta los siglos xii y xiii con la aparición de la Inquisición. El cambio en la mentalidad de la iglesia se produce cuando el cristianismo es ya la religión dominante, cuando no tiene que luchar contra las ideas de las religiones anteriores.

“Ahora bien, mientras el Paganismo aún tuvo fuerza social, mientras se pretendió convertir a la fe a pueblos que no conocían el Cristianismo o se resistían a él, el hombre de Iglesia dialogó, argumentó a favor de sus creencias. Cuando la cristiandad fue absoluta y la autoridad eclesiástica tuvo el poder a su servicio, la postura cambio.” (Caro Baroja, Julio, Las brujas y su mundo, pág. 107)

Si es cierto que hubo un racionalismo dentro de la Iglesia en la Alta Edad Media, también lo es que muchas de las creencias y de los personajes propios del mundo griego, romano, celta o germánico sobrevivieron a esta cristianización o se mezclaron con ella. En el apartado anterior ya se han puesto ejemplos de creencias gallegas que todavía siguen vivas en las aldeas, aunque sea como parte de la identidad nacional. Las meigas, brujas y cultos paganos se mantienen también en el inconsciente colectivo del europeo, como afirma Jung.

Bibliografía:

Ávila Granados, Jesús, (2007), La mitología celta, Madrid, ed. Martínez Roca.

Caro Baroja, Julio, (2010), Las brujas y su mundo, Madrid, ed. Alianza.

González Reboredo, Xosé M, (2004), Leyendas Gallegas, Vigo, ed, Galaxia.

Grimm, Jacobo y Guillermo, (2004) Todos los cuentos de los hermanos Grimm, Madrid, ed. Rudolf Steiner.

Lortz, Joseph, (1982), Historia de la Iglesia. En la perspectiva de la historia del pensamiento, Madrid, ed. Cristiandad.

Rodríguez González, Eladio, (1958- 1961), Diccionario enciclopédico gallego- castellano, Vigo, ed. Galaxia.

Sánchez Dragó, Fernando, (2004), Gárgoris y Habidis. Una historia mágica de España, Barcelona, ed Planeta.