Brujas, meigas y hechiceros.

La brujería y la magia nos remiten a un tiempo en el que el hombre se maravilla del mundo y percibía la naturaleza poblada de dioses y monstruos. El firmamento, el sol, la luna cobraban vida y significado, no eran meros cuerpos o hechos físicos, sino que contenían un sentido, un mana. Aún hoy día la contemplación de una noche estrellada tiene un significado, una belleza que no se reduce a la teoría científica.

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Se suele pensar que la religión o la magia  y la ciencia son los eternos rivales. Se tilda de superstición ese mundo del hombre primitivo, que se asomaba a la realidad con una visión dramática  de la Naturaleza. Pero curiosamente hay ciertos puntos de contacto. Autores como Durkheim compara la noción de mana, esta fuerza impersonal, con la noción de fuerza que maneja hoy día la física. Otro punto que se puede resaltar es el hecho de que el principio de la magia y de la ciencia es el mismo, el control de la naturaleza. Ahora bien, no se puede negar que los métodos y las explicaciones cambian.

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La magia y la brujería tienen unos fines técnicos, lo que le distancia del fenómeno religioso. Tanto la magia como la religión separan el mundo en dos ámbitos irreductibles, el ámbito de lo sagrado y el de lo profano. Sin embargo, la magia busca manipular el mundo sagrado para su propio provecho. De ahí la repugnancia de la religión frente a la brujería.

“La magia muestra una especie de placer profesional en la profanación de las cosas santas, en sus ritos vuelve del revés las ceremonias religiosas.” (Durkheim, Émile, Las formas elementales de la vida religiosa, pág. 86-87)

A pesar de ello la magia y la religión han estado vinculados desde el principio. Dejando de lado las disquisiciones filosóficas, me propongo hacer un repaso de la historia de la brujería en Occidente.

  1. La hechicería en el mundo clásico.

El origen de la hechicería se suele poner en la antigua Roma con el culto a la diosa Diana. Se la dividía según su fin: benévolo o malvado. La magia y la adivinación dirigida hacia el bien estaba legitimidad e, incluso, el mismo Estado se servía de ella. Un ejemplo del arte adivinatorio serían los famosos oráculos como el de Delfos, que perteneció primero a la Madre Tierra y luego a Temis y a Apolo.

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La magia maléfica quedo asociada a la noche y a la luna. De ahí que la brujería tuviera como deidad a la propia Luna con todos sus nombres. En el mundo griego era conocida como Artemisa, mientras que en el romano como Diana. Pero se le vinculan dos nombres más: el de Selene y el de Hécate, soberana de los muertos.

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“Selene, Hécate, Diana son divinidades en torno de las cuales se desarrolla todo un ciclo de ideas que cabría designar como «ctónico- lunares» (…) están cargadas de un peculiar significado sexual: son las dioses vírgenes de un lado o las del amor misterioso de otro,” (Caro Baroja, Julio, Las brujas y su mundo, pág. 54)

Dentro de la mitología se destaca además dos hechiceras famosas, Medea y Circe. A Medea se la considera en ocasiones como nieta de Circe y del Sol (Helio) y en otras como hija de Hécate, patrona de las magas. En esta última tradición Circe y Medea serían hermanas.

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El papel de Medea en la aventura del vellocino de oro la convierte en el prototipo de las hechiceras. Gracias a ella y a sus ungüentos y hechizos Jason logra sobrevivir a las quemaduras de los toros de Hefesto y al dragón. Ayudó también a conseguir el vellocino robándoselo a su padre y huyendo con Jason, que había prometido hacerla su esposa. Pero Jason no cumple su palabra, por lo que Medea decide vengarse. Jason y Medea vivieron juntos un tiempo en Corinto, hasta que el rey Creonte quiso casar a su hija con el héroe desterrando a Medea. Medea le pide al rey un día para poder prepararse, pero lo que hace es llevar a cabo su venganza. Envía por medio de sus hijos un traje y unas joyas envenados a la joven esposa, que le abrasaron con un misterioso fuego. El mismo destino corre el rey, su padre, al intentar ayudarla. Mientras Medea da muerte a sus propios hijos en el templo de Hera y luego escapa hacia Atenas en un carro tirado por caballos alados, regalo de su abuelo, el Sol.

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Medea es la representación de un arquetipo femenino trágico, que la presenta como una mujer de fuerte erotismo y urdidora del mal y de la venganza. Ella misma lo reconoce en su soliloquio cuando trama la vendetta por la infidelidad de su marido. Medea es conocedora de la scienctia o técne. Se creía que las hechiceras poseían estas técnicas y que eran capaces de ejercer su poder sobre la Naturaleza.

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Circe, a la que también se la considera hija de Hécate, juega el papel de maga en la Odisea. Cuando el barco de Ulises llega a la costa de la isla de Ea se encuentra con Circe. Ulises mandó a parte de sus hombres a reconocer el terreno y éstos, excepto Euríloco, participaron en un banquete que les ofrecía la maga. Pero tan pronto como Circe los toca los hombres quedan convertidos en distintos animales, dependiendo de su carácter. Euríloco regresa al barco espantado y le cuenta a Ulises lo sucedido, que decide intentar convencer a la hechicera. En el camino del héroe se le presenta el dios Hermes que le comunica el secreto para vencer a Circe. Si echa una planta mágica, llamada moly, en la comida y bebida que la bruja le ofrezca no le ocurrirá nada. Ulises obedece las instrucciones del dios y después desenvaina la espada haciendo que Circe le prometa desencantar a sus hombres. Después de esto Ulises pasa un año en compañía de la hechicera, con la que llega a tener varios hijos.

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El mundo de la brujería queda vinculado sobre todo a las mujeres. A las hechiceras se las consideraba capaces de cambiar de aspecto y adaptar la apariencia de algún animal y usar las entrañas de los cadáveres para componer hechizos. Éstos servían normalmente para atraer a los hombres o, como Circe, para convertirlos en animales.

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“la creencia de que ciertas mujeres (no fuerza viejas siempre) eran capaces de transformarse a voluntad y transformar a los demás en animales, podían también realizar vuelos nocturnos y meterse en los sitios más recónditos, haciéndose incorpóreas, eran expertas en la fabricación de hechizos para hacerse amar o para hacer aborrecer a una persona (…) Estas mujeres para realizar sus maldades tenían conciliábulos nocturnos en los que consideraban a la Noche, a Hécate y a Diana como divinidades protectoras o auxiliadoras en la fabricación de filtros, bebedizos, etc.” (Caro Baroja, Julio, Las brujas y su mundo, pág. 70-71)

Continuara…

Bibliografía:

Caro Baroja, Julio, (2010), Las brujas y su mundo, Madrid, ed. Alianza.

Durkheim, Émile, (2008), Formas elementales de la vida religiosa, Madrid, ed. Alianza.

Eurípides, (2008), Tragedias I, Medea, Madrid, ed. Gredos.

Graves, Robert, (2009), Los mitos griegos, ed. Coleccionables.

Grimal, Pierre, (1981), Diccionario de Mitología Griega y Romana, Barcelona, ed. Paidós.

Homero, (2000), Odisea, Madrid, ed. Gredos.

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