Contando historias de miedo.

En 1816 en una villa italiana nacieron dos figuras terroríficas que se convertirían en auténticos mitos, el monstruo de Frankenstein y el vampiro aristócrata de Polidori. La primera de las obras fue escrita por Mary Shelley y llegaría a ser todo un clásico de las historias de terror. La segunda daría lugar también a un personaje que tomaría una fama extraordinaria, el vampiro como un caballero siniestro y seductor, cruel y atrayente.

  1. El comienzo del juego.

En el mes de Junio de 1816 se reúnen en la Villa Diodati, una mansión al borde del lago Lemán, Lord Byron, su secretario Polidori, Percy y Mary Shelley y la hermanastra de ésta, Claire Clairmont, con quien Byron había tenido una tormentosa historia.

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A pesar de ser verano el clima no acompañaban mucho a este singular grupo, ya que solía llover con frecuencia. Ello propicio que pasaran días confinados en la casa charlando sobre cuestiones filosóficas y científicas. Mary apenas participaba en estas discusiones, sino que prefería sentarse a escuchar como su marido y Byron comentaban los recientes experimentos sobre galvanismo, la reanimación de cadáveres o la creación artificial de autómatas. Estos temas tendrían una clara influencia en la obra de Frankenstein.

También pasaban el tiempo leyendo historias de terror. Dichas historias provenían de un volumen titulado Fantasmogorias. Fue Lord Byron, según cuenta Mary, el que propuso un juego curioso. Cada uno de ellos debía escribir una historia de terror que lograra captar el miedo del hombre moderno. Aunque Byron saco la idea de uno de los cuentos del libro, que se iniciaba de forma similar.

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La cuestión crucial era qué características debía tener un verdadero cuento de terror. No hay que olvidar que Percy Shelley, a pesar de su afición desde niño por los relatos de miedo y por la alquimia y ciencias prohibidas, era un materialista. Confiaba plenamente en la ciencia y no creía que realmente una historia de fantasmas pudiera provocar terror. La cuestión que abordaron fue ¿cuáles son los terrores del hombre moderno?

Todos los miembros del grupo participaron en el juego. Pero fueron los relatos de Polodori y de Mary Shelley los que pasarían a la posteridad. El mito de Frankenstein, el moderno Prometeo, nació en esas veladas, en las que las historias de terror y las discusiones científicas se mezclaron. También vio la luz una figura mítica, que se revestía de un nuevo ropaje, el vampiro.

  1. Frankenstein y el miedo del hombre moderno.

La obra de Mary Shelley captó perfectamente la idea que manejaban en sus discusiones el matrimonio Shelley, Lord Byron y Polidori. El monstruo de Frankenstein no es un fantasma, sino un ser creador a partir de la muerte, de los cadáveres. Es la creadora que se vuelve contra el creador, de ahí su semejanza con el mito griego de Prometeo. Pero también es el creador que rechaza a la criatura, que la abandona a su destino.

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El personaje del monstruo participa de la rebelión del Lucifer de Milton. En la medida en que se vuelve contra su creador de forma consciente. Por otro lado, el personaje de Frankenstein es el hombre jugando a ser dios. Ese es el miedo del hombre moderno, el que movido por la ciencia, la curiosidad y el ansia de dominio de la naturaleza llega demasiado lejos. El poder de los dioses se vuelve contra el propio hombre. Mary Shelley sintetizó el horror al progreso propio de la época victoriana. ¿A qué sino iba el hombre ilustrado, racionalista y materialista a temer?

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Este mismo miedo, que tan magistralmente relato Mary, reaparece constantemente en la vida del hombre. En las series como Walking Dead o la adaptación del libro Soy Leyenda (la versión de Charlon Heston) se muestra este mismo miedo. La naturaleza que se vuelve contra el hombre, cuando éste ha jugado con ella. Mary Shelley afirmó en su artículo Acerca de Fantasmas que el terror del materialista estaba en sí mismo, “en los misterios de nuestra propia naturaleza”. El miedo nace de uno mismo, en, como diría Jung, la sombra de cada uno. Entonces cabe preguntar ¿quién da más terror el monstruo, la criatura, o el creador, doctor Frankenstein? ¿Quién es el malo de la historia?

La historia de Frankenstein vio la luz en la noche del 17 de junio. Mary llevaba días dando vueltas a la idea que habían estado discutiendo sin encontrar solución. La joven, que contaba con 17 años, se fue a la cama. Pero, como ella misma describe, “En cuanto puse mi cabeza en la almohada, mi imaginación, rebelde, se apoderó de mí.”

Una serie de imágenes brotaron esa noche de su mente. Un joven estudiante de artes mágicas buscando la clave de la vida, arrodillado frente a un ser compuesto de cadáveres, un hombre reconstruido. Ese cuerpo amorfo, esa burla de ser humano, dio señales de animación. El propio artífice se horrorizó de su obra y abandonó el laboratorio, esperando que la vida abandonará ese monstruoso cuerpo. Sin embargo, esa misma noche el estudiante se despertaría ante la presencia de ese ser, que le miraba al pie de la cama.

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Esta fue la imagen que vio Mary Shelley y que la lleno de terror. Había encontrado en ese sueño lo que andaba buscando para su historia de terror. El monstruo que había sobresaltado al estudiante de sus sueños era la representación del terror. Este fue el comienzo de la gestación del mito de Frankenstein. La obra definitiva tardaría varios años en ver la luz y sería, como ocurre muchas veces, la obra de su vida. Esa criatura hecha de trozos ya no la abandonaría nunca.

  1. Lord Byron y el vampiro de Polidori.

La historia de terror que contó Polidori también alcanzó la fama. Fue publicada en 1819 y falsamente atribuida a Byron. Pero esta astuta argucia no se debió sólo a que Lord Byron era más conocido que su secretario, sino a que el vampiro del cuento está basado en él. Sin darse cuenta Polidori con apenas 24 años prendió la chispa del prototipo del vampiro en la literatura inglesa del siglo xix.

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Si bien es cierto que el vampiro como personaje del folklore popular se encuentra en Europa desde sus inicios, ya en las mitologías de los griegos, latinos, hebreos o babilonios está presente. Pero el vampiro como personaje aristócrata, como seductor cruel, el vampiro moderno nació aquí.

Lord Ruthven es un personaje distante y canallesco. Un aristócrata frío, enigmático, perverso y fascinante. Es la imagen de Lord Byron. Según Mary Shelley, Byron tenía una personalidad disociada. Por un lado, era un niño noble, ansioso de aventuras heroicas, pero, por otro, era un poeta cínico y trasgresor. Sin embargo, lo que le dio fama y le asemejó a esa figura del vampiro fue su relación con las mujeres. Lord Byron encarnaba ese ideal de belleza y crueldad, de atracción y rebelión.

En sus relaciones amorosas buscaba una perversa voluptuosidad que conducía a la destrucción del otro y de sí mismo. Asume, pues, el papel de amante fatal. No es un amor trágico como el de Tristán e Isolda, sino un amor destructivo, blasfemo. Flaubert describe a Byron como alguien que no cree en nada, sino en todos los vicios, en el placer del mal. Pero un mal que es seductor. De ahí que inspirara el primer cuento de vampiros. Él es Lord Ruthven.

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A ello se une que la relación entre Polidori y Byron es tensa. El joven médico ataca los nervios del lord inglés y se convierte en el blanco de sus sarcasmos y bromas. Sin embargo, al igual que su vampiro, Byron ejerce una cierta fascinación sobre él. Esta problemática relación se ve perfectamente en la obra.

La reacción de Byron ante la firma del relato es también muestra de su desprecio ante Polidori. Aunque es cierto que el médico se había basado en el fragmento que Byron escribió en las veladas en la Villa Diodati añadiendo elementos autobiográficos. Son estos elementos, que muestran la crueldad del Lord con Lady Caroline Lamb donde se ve la venganza de Polidori.

Esta imagen del vampiro se repetirá en varias obras e, incluso, en adaptaciones al cine.  Por ejemplo la película de Entrevista con el vampiro juega con ese rol del vampiro como un ser seductor, un aristócrata.

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Si Frankenstein simboliza el miedo del hombre moderno a que la ciencia y el progreso se vuelvan contra él, a que sea él mismo el que cree los monstruos que acabarán con todo lo que ama; el vampiro representa la rebelión no sólo contra Dios, sino contra el orden social, contra esa misma sociedad de progreso. Tanto Shelley como Byron fueron personajes malditos, inadaptados que no se movían dentro de la razón pragmática de la época. En la Inglaterra victoriana con sus normas y su orden surgen de nuevo las sombras de lo innombrable, surge el cuento de terror. No se quedan los monstruos en la caverna del Antiguo Mundo, sino que se revisten de nuevos trajes y sobrevuelan y acechan en la oscuridad de nuestra mente.

Bibliografía:

Conde de Siruela, (2001), Imaginar el vampiro, Madrid, ed Siruela.

Llopis, Rafael, (2013), Historia natural de los cuentos de miedo, Madrid, ed. Fuentetaja.

Polidori, John William, (2001), El vampiro, Madrid, ed Siruela.

Shelley, Mary W. (1994), Frankenstein, introducción de Mary W. Shelley, Barcelona, ed. Fontana.

Vega Rodríguez, Pilar, (1999), Mary Shelley. La gestación del mito de Frankenstein, Madrid, ed. Alderabán.