Las voces de Juana de Arco la llevaron a la hoguera

Un juicio de la inquisición que sentenció a la hoguera a Juana de Arco, sin saber que se convertiría en santa de la Iglesia Católica siglos después. Esta mujer consagrada por la religión, fue quemada públicamente en vida en la plaza del Mercado en Francia en 1431.

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Un caso cuestionado por las formas empleadas, durante el proceso de enjuiciamiento, que se realizó durante la guerra de los Cien Años. Siendo adolescente Juana de Arco con solo trece años, escuchaba voces que le decían como ayudar a los franceses que sufrían en la lucha. Ella entendía que un poder sobrenatural le daba indicaciones que no tardó en demostrar al monarca Carlos VII, dirigiendo con sus prediccciones las tropas para la liberación de Orleans y triunfando el monarca gracias a ella. Fue el rey, quien en el momento crucial no defendió a la heroína francesa, permitiendo su captura y juicio.

PROYECTO I
Fue apresada durante los acontecimientos que se desarrollaron en 1430 en la plaza de Compiègne, cuando Juana de Arco y más de quinientos hombres, resistieron el avance de Juan de Luxemburgo. Cuando ordenaron cerrar el puente elevadizo, ella quedó junto a otros ante sus enemigos, que no dudaron en capturarla derribándola de su caballo. Luego fue llevada al campamento del duque de Borgoña donde permaneció a merced de su voluntad como prisionera. Meses después, nadie intentó rescatar a Juana ni siquiera el rey. En noviembre de ese año fue comprada por los ingleses, pero estos no podían juzgarla y la acusaron de hereje.

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Comenzó un juicio injusto y cruel, sin que Carlos VII coronado gracias a las indicaciones de Juana de Arco para llegar al trono, hiciera nada para evitarlo. Internada en el castillo de Rouen, en Normandia con diecinueve años, esperaba resignada su destino. Estuvo custodiada por los ingleses hasta que en 1431, comenzó el juicio y la presentaron ante los inquisidores, que atónitos escuchaban las respuestas de la doncella. Demostraba su pureza en cada palabra y negaba los hechos, sin derecho a un abogado. Estuvo encadenada y confinada a pasar sus últimos días en una jaula, mientras sus detractores buscaban demostrar que satanás estaba en su interior. Los días que duró el proceso, procuraban condenarla argumentando que las voces de Juana de Arco, eran producto del demonio que habitaba en ella. Los jueces estaban pagados y solo pretendían una muerte ejemplarizante. Fueron mayoría quienes dieron su veredicto, sentenciándola a morir en la hoguera por sus herejías, idolatría y apostasía.

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En sus confesiones nunca se retractó, pese a los muchos intentos de sus verdugos, limitándose a decir que solamente cumplía la voluntad de Dios. Durante estos intentos sufrió un trance, que sería el último de su vida y por ello su actitud fue considerada diabólica. Enviada luego a la justicia civil, se designó el sitio para cumplir la pena capital y se decidió el cumplimiento para el 30 de mayo de 1431 en la plaza, con el pueblo como testigo de su muerte. La mañana del terrible día le comunicaron su suerte y acondicionaron la vieja plaza con troncos y una estaca para quemarla viva. Se le dio la comunión, después de permitirle confesarse con un sacerdote y fue llevada ante el gran público que aguardaba verla.

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Pidió una cruz antes ser atada a la estaca y comenzó a invocar a Cristo, pese a ello los verdugos pusieron fuego en la leña que no se quemaba, hasta que el humo cubrió a Juana de Arco. En esos instantes su voz pronunciando el nombre de Jesús, estremeció a todos los presentes, por la pureza de la bella doncella de Francia. Una gran hoguera conmovió a sus enemigos hasta las lágrimas, duró poco tiempo el macabro espectáculo y sus cenizas se esparcieron en el río Sena.

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Sus voces fueron motivo de cuestionamiento, llevándola a lo más alto cuando aconsejaba a Carlos VII y conduciéndola a una muerte terrible. En 1455 la Santa Sede declaró ilegal el juicio y reprochó al rey la actitud de Francia y la Iglesia Católica, convirtiendo a guerra de los Cien Años Fue el obispo de Orleans, quien en 1869 defendió su causa y después de los trámites para su beatificación, fue consagrada santa patrona de Francia en 1920.

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