Experimento Milgram y experimento en la carcel de Stanford

Desde que los aliados liberaran a los presos de los campos de concentración nazis y se conociera el horror del que era capaz el ser humano, se han realizado numerosos estudios al respecto.

Experimentos tortura

Se ha hablado mucho de los experimentos médicos a los que los judíos, gitanos, homosexuales, miembros de la Resistencia y otros presos fueron sometidos, pero nadie se ha planteado el experimento al que fueron sometidos los verdugos.

Considero, que el fenómeno vivido en los Lager nos ha permitido conocer la verdadera naturaleza del ser humano.

Para cualquier persona con un mínimo de sensibilidad, que reflexione al respecto, el fenómeno resulta incomprensible. Pero quizá el error sea que juzgamos a nuestros congéneres partiendo de la base de que somos seres sociales, con unos valores, una moral, y unas normas determinadas. Pero ¿qué ocurre cuando el ser humano se halla en un lugar en el que esos valores, moral y normas no existen? Aflora entonces la esencia del Homo Sapiens.

Ningún animal hace daño a otro miembro de su propia especie, a no ser que entren en competencia directa por elementos esenciales para la supervivencia (comida, territorio, una hembra para aparearse…). Sin embargo, Homo Sapiens, es capaz de dañar deliberadamente a sus semejantes, haciendo uso de la “razón” que se supone nos convierte en “animales racionales” para llegar a límites insospechados de crueldad.

A lo largo de la Historia, hemos podido ver cómo nuestra especie protagonizaba sangrientas matanzas, persecuciones, torturas, etc.

Stanley Milgram

El experimento de Milgram

En 1961, el profesor Stanley Milgram (Universidad de Yale) lleva a cabo un experimento psicológico con el fin de averiguar si cabía la posibilidad de que la barbarie cometida por los nazis fuera producto de las órdenes recibidas, tal y como argumentaron los que fueron juzgados.

Milgram reclutó a sus participantes, 40 personas de entre 20 y 50 años con distintos niveles educativos, a través de un anuncio en una parada de autobús.

Anuncio Experimento Milgram

En el experimento participaban, el experimentador, un maestro un alumno. El maestro realizaría preguntas al alumno que estaría sentado en una silla en otro habitación comunicada por un cristal y lleno de electrodos. Cada vez que el alumno fallara una pregunta, el maestro tenía que pulsar un botón que accionaba una descarga eléctrica, comenzando por 45 voltios y llegando a los 450 de forma progresiva. Los papeles se asignaban por sorteo, pero en ambas papeletas ponía lo mismo, de manera que el alumno fuera siempre un cómplice del profesor. Al sujeto que hacía de maestro se le aseguraba que el alumno no sufriría ningún daño irreversible.

Participante en el experimento Milgram

Cuando el maestro se negaba a continuar, el experimentador (Milgram) le decía:

  • Continúe, por favor.
  • El experimento requiere que usted continúe.
  • Es absolutamente esencial que usted continúe.
  • Usted no tiene opción alguna. Debe continuar.

Si aún así se negaba, el experimento se detenía. El 65% de los maestros llegaron a aplicar 450 voltios, a pesar de oír y ver los gritos del alumno.

milgram_experimento

“Los aspectos legales y filosóficos de la obediencia son de enorme importancia, pero dicen muy poco sobre cómo la mayoría de la gente se comporta en situaciones concretas. Monté un simple experimento en la Universidad de Yale para probar cuánto dolor infligiría un ciudadano corriente a otra persona simplemente porque se lo pedían para un experimento científico. La férrea autoridad se impuso a los fuertes imperativos morales de los sujetos (participantes) de lastimar a otros y, con los gritos de las víctimas sonando en los oídos de los sujetos (participantes), la autoridad subyugaba con mayor frecuencia. La extrema buena voluntad de los adultos de aceptar casi cualquier requerimiento ordenado por la autoridad constituye el principal descubrimiento del estudio.”

Stanley Milgram. The Perils of Obedience (Los peligros de la obediencia. 1974)

Este experimento fue recreado en 2009, pero esta vez fingiendo hallarse en un concurso televisivo.

El 81% de los participantes llegaron hasta el final, un 19% más que en el experimento de 1961.

El experimento de la cárcel de Standford

El 1971, el profesor Philip Zimbardo (Universidad de Standford) y su equipo, llevan a cabo un experimento sobre la conducta humana. A través de un anuncio en prensa, reclutan a 24 jóvenes universitarios, psicológicamente estables, para participar en el experimento. De forma aleatoria los dividen en dos grupos. Unos serán los presos y los otros los carceleros de la ficticia prisión de Standford.

Philip Zimbardo

Al comenzar, le había dado las siguientes instrucciones a los guardias:

“Podéis producir en los prisioneros que sientan aburrimiento, miedo hasta cierto punto, podéis crear una noción de arbitrariedad y de que su vida está totalmente controlada por nosotros, por el sistema, vosotros, yo, y de que no tendrán privacidad… Vamos a despojarlos de su individualidad de varias formas. En general, todo esto conduce a un sentimiento de impotencia. Es decir, en esta situación tendremos todo el poder y ellos no tendrán ninguno.” Vídeo The Stanford Prison Study.

Los prisioneros pronto aceptaron como normal el maltrato y la humillación de la que eran víctimas y los carceleros se condujeron con niveles de agresividad y sadismo totalmente inesperados.

El experimento debía durar dos semanas, pero a los seis días fue cancelado por el profesor Zimbardo

¿Siguiendo órdenes?

Desde la perspectiva del historiador, hemos aprendido a estudiar y comprender el contexto, los antecedentes, los condicionantes… Pero no nos hemos parado a pensar ¿Por qué? Y la respuesta no son las crisis económicas, el hambre, la ignorancia… sino que está en nuestra naturaleza como especie humana el hacer daño y aflora cuando las condiciones lo permiten.

  1. En un contexto carente de leyes jurídicas y morales.
  2. Hay un grupo étnico, religioso, político, etc. que se considera inferior y está sometido. En ocasiones se les considera animales, de ese modo la conciencia del verdugo no tiene nada que objetar.
  3. Los superiores dentro de la jerarquía establecida aprueban y/o premian la crueldad con otros seres humanos.
  4. Los verdugos creen que jamás serán descubiertos y por tanto, actúan con total impunidad.

¿que lleva a un Homo Sapiens a dejar de convivir pacíficamente con otros grupos de su especie, para convertirse en un animal malvado y cruel? ¿hasta que punto puede llegar a corromper el poder en sus diferentes niveles?

Comentarios

  1. Leinadmcmlxxv dice:

    Quizá el resultado de dichos experimentos, no sea aceptar estadísticamente que un ser humano bajo ordenes o coacción (presión), es capaz de hacer daño a un semejante. Quizá lo que saquemos en claro es que el ser humano no debería recibir ordenes de otro ser humano.

    Utópicamente hablando, estaría bien experimentar algo similar sin que hubiera ordenes de por medio, solo el sentimiento (no es mesurable hoy en día), y saber si en el fondo sin ningún tipo de coacción un ser humano dañaría a otro racionalmente. Vamos, si se pudiera aislar el instinto más primario del hombre respecto al sufrimiento de un semejante, y que ese sufrimiento fuera infringido por su causa directa o indirecta.

    Yo personalmente considero que instintivamente un hombre no hace daño a otro sin motivo o coacción, al contrario, en igualdad de condiciones, pienso que un ser humano tiende a ayudar en una situación de indefensión, peligro etc. a su congénere, tratando de equilibrar de nuevo la situación entre ambos.

    Y si no es así, siempre podremos culpar a la evolución natural de la especie y no a nuestros egos.

    Un saludo

    • Muchas gracias por tu comentario,
      Lo que dices es cierto en el caso del experimento Milgram, pero en el caso de la cárcel de Stanford, los guardas no recibieron ningún tipo de ordenes o coacción, la motivación aparentemente fue tratar de cumplir eficientemente un objetivo. Mantener orden en la prisión ficticia. Invitamos a que cada uno saque sus conclusiones tras leer el artículo. Personalmente estoy de acuerdo contigo, creo que hay un deseo inherente en el ser humano de hacer el bien, pero también es innegable que en determinadas circunstancias el ser humano puede también hacer cosas terribles de las que quizás no nos creemos capaces a priori. Nuestro objetivo es mostrar los hechos y no dar opiniones, pero en este caso compartiré contigo, que personalmente creo, no obstante, que siempre tenemos un margen para decidir entre el bien y el mal, aunque la frontera entre ambos muchas veces esté difuminada.

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