La mujer en las leyendas de la Edad Media.

El papel de la mujer durante la Edad Media parece en la mayoría de los casos secundario. Sin embargo, hay también historias y leyendas en las que las mujeres juegan un papel importante.

En otro artículo de este blog ya se habló de Juana de Arco, quien- se crea o no en sus visiones- pidió un ejército para liberar a Francia de la ocupación inglesa. Se cuenta que una de las profecías del mago Merlín hablaba de ella. Según dicha profecía Francia sería arrastrada a la ruina por una mujer, que sería la madre del delfín Isabel de Baviera, y salvada por una doncella virgen del bosque de las hadas. Esta joven virgen sería Juana, una campesina de Domrémy.

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  1. Cesair, la primera mujer de las Islas Británicas.

Pero la historia de Juana de Arco ya ha sido relatada, en este artículo se profundiza en otros personajes, cuya fortaleza y orgullo llaman la atención. Este es el caso de algunas leyendas de origen celta, en el que el papel de la mujer no está tan influenciado por el cristianismo.

Según el manuscrito irlandés Libro de las invasiones del año 1100 la primera mujer en llegar a las Islas Británicas sería una de las nietas de Noé. Cesair sabe que no ha sido elegida para salvarse del diluvio, así que decide embarcarse junto con sus seguidores hasta un lugar donde las aguas torrenciales no lleguen. De esta forma arribaran en las costas de Irlanda tres hombres y cincuenta doncellas, sin contar a la propia Cesair. Sin embargo, los hombres mueren al poco tiempo de llegar a esas tierras. Ante este aciago destino y tras la muerte de su esposo Cesair muere de pena. Las mujeres la entierran en un lugar conocido como Carn Cesra.

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Después de su muerte se desató el diluvio que cubrió toda la tierra, incluyendo a Irlanda. Por ello las seguidoras de Cesair perecen ahogadas. A pesar de este triste final, la leyenda inspiró una canción, que narra su travesía desde la Isla de Meroe hasta las tierras británicas. Además su ruta será la que sigan otros personajes, tanto reales como míticos.

  1. Papel y derechos de la mujer.

Ya se ha destacado el enfrentamiento entre el cristianismo con una moral rígida, sobre todo en lo referente a la castidad de la mujer, y el mundo celta. Hay que tener en cuenta que la cultura celta, según las Brehan Laws, la mujer estaba sujeta a una serie de obligaciones, pero también tenía algunos derechos, que poseen contrapartida en el mundo cristiano. Uno de ellos era el derecho de la mujer durante tres días después de conocerse el adulterio de llegar a matar a su esposo sin que las leyes del clan cayeran sobre ella. No obstante si era ella la adúltera o expresaba su deseo de irse con otro hombre, no podía actuar contra su marido.

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También se destaca que había categorías sociales de los clanes. Por ello existía el privilegio de poder casarse con una mujer libre con los mimos derechos y rangos que el hombre. Estas mujeres poseían el derecho a ser consultadas por sus maridos en todas las materias y el llamado Folach, derecho a una serie de bienes.

En los Cuentos de Canterbury de Geoffrey Chaucer puede verse una referencia al rol de la mujer. En la historia relatada por la viuda de Bath se ve una faceta femenina, ya que la historia termina con la máxima siguiente: “el mayor deseo de cualquier mujer es poder dominar a su esposo o amante”. El propio personaje de la viuda de Bath es una mujer fuerte que no se deja dominar por los varios maridos que tiene y que defiende las relaciones sexuales, rechazando así la idea de castidad de la mujer.

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  1. Los amoríos y las historias de adulterio.

 En esta línea se encuentran muchos relatos, que darán lugar al llamado amor cortés. La historia de Tristán e Isolda o el conocido amor entre Sir Lanzarote del Lago y la reina Ginebra son una muestra de ello. El relato más antiguo sobre este tema narra la historia de la mujer de Partholon, Delgnat, que es considerada la primera mujer en cometer adulterio.

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Un día que Partholon está pescando Delgnat intentó seducir a su ayudante, Topa. Éste rechazó en un principio a la mujer, pero ésta se desnuda ante él, lo que le hace sucumbir a sus deseos. Al volver el esposo pidió de beber y en el recipiente encontró el sabor de los labios de los dos amantes, por lo que se enteró de lo ocurrido. Topa huye por miedo a las represalias, pero Partholon lo encuentra y lo mata.

 El tema del adulterio y de los amores imposibles ocupa un lugar importante. Éste es el motivo por el que se ve en la tradición celta una base de los amores medievales. Estas historias de amor no encajan con el ideal de caballero cristiano. La historia de Tristán e Isolda sería un buen ejemplo. Ambos se ven arrastrados por un amor apasionado fruto de un filtro amoroso, preparado por la madre de Isolda. Este elemento de un filtro amoroso así como los ungüentos curativos de Isolda son de origen celta.

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 El filtro estaba destinado para Isolda y su prometido el rey Mark de Cornualles. Pero por error lo beben Tristán e Isolda durante la travesía, que condujo a Isolda al reino de Mark. Desde ese momento el sino de los amantes quedó marcado. Se trata de un amor trágico nacido de una poción mágica, que parece ser el pretexto para justificar el adulterio.

  1. La Reina mora Abdelazia

 Pero las mujeres no sólo juegan un papel en las historias de amor y adulterio, aunque éstas suelen ser las más extendidas, sino que también se encuentran otros relatos donde su rol cambia. Éste es el caso de la leyenda de Abdelazia, la reina mora del castillo de Siurana.

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Esta historia muestra una figura femenina fuerte, capaz de ocuparse de las funciones públicas y de gobernar la corte en ausencia de su esposo. La protagonista rompe con la imagen de la mujer, que solía ser considerada como una dama culta, caritativa y piadosa, y asume un rol más masculino de un caballero. En esto se encuentra cierta semejanza con el personaje de Juana de Arco, que tiene, por un lado, una vertiente piadosa, pero, por otro, se viste de caballero y lucha junto al ejército francés.

El castillo de Siurana era una fortaleza musulmana con gran valor estratégico en la zona de Priorat, en Tarragona. Entre 1152 y 1153 el conde de Barcelona Ramón Berenguer IV se hizo con las fortalezas de Miravet y Siurana culminando la expansión catalana en territorio musulmán.

Las inexpugnables murallas de Siruana mantenían a salvo al rey Almemoniz y a su esposa Abdelazia, una mujer de gran belleza. Todos los hombres del palacio se veían abocados a ella. Por ello Almemoniz la cubría de regalos para agasajarla. Entre estos regalos estaba un caballo blanco que sólo la obedecía a ella.

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El mayor enemigo de su esposo era el vizconde de Tarragona Amat de Claramunt. Los dos guerreros ya se habían enfrentados en varias ocasiones sin que ninguno de ellos resultara el vencedor definitivo. Pero un atardecer la lucha llegó a las puertas del castillo, donde la reina musulmana prepara un comité por la victoria de su marido. Los nobles, viendo que el ruido de la batalla se aproximaba, empezaron a acobardarse. No obstante, la reina permaneció tranquila y reprochó la cobardía a sus hombres.

Una voz proveniente de fuera del palacio mostró a la reina que la victoria era para Amat de Claramunt y Ramón de Berenguer. Sin embrago, el asalto al palacio fue obra de un traidor judío, que mostro a los cristianos el camino de acceso a la fortaleza. Los hombres del conde de Tarragona derribaron las puertas del castillo en poco tiempo y mataron a todos los hombres de Almemoniz. Sólo quedaba un superviviente montado en un magnifico caballo blanco, era la reina Abdelazia. La orgullosa reina se abrió paso entre las compañías cristianas gritando: “Con mi caballo me basto”. Los hombres del conde se reían de ella y la amenazaban con perder el reino, las joyas y el nombre. Ante esto Abdelazia afirmó que nadie alcanzaría ni su sombra y que su nombre sería recordado por siempre.

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Dichas esas palabras la reina jaleó a su caballo y saltó al precipicio de 80 metros de altura. Dice la leyenda que el animal dejó en la piedra impresas sus huellas antes de realizar ese salto mortal. El cuerpo de la reina fue recuperado días después y enterrado con la ceremonia correspondiente con su alto linaje y su valor. También cuenta la leyenda que el traidor se convirtió en piedra al ver el horror de sus actos. Aún hoy en día puede verse tanto la tumba de la reina mora como una piedra cerca del castillo con los rasgos del judío.

Éstas y otras historias recogen la importancia de la mujer en la Edad Media y revalorizan su papel. Profundizar en todos los relatos llevaría demasiado tiempo y espacio. Quizás en posteriores artículos se pueda narran otras gestas de este tipo.

Bibliografía:

Anónimo, (1981), La muerte del rey Arturo, Madrid, ed Alianza.

Anónimo, (2000), Tristán e Iseo, Madrid, ed. Alianza.

Cahucer, Geoffrey, (2014), Cuentos de Canterbury, Madrid, ed. Catedra.

González Ruiz, David, (2010), Breve historia de las leyendas medievales, Madrid, ed. Nowtilus.

Sainero, Ramón, (1993), Sagas celtas primitivas, Madrid, ed Akal.