Los pueblos celtas.

Los pueblos celtas, su cultura y su espiritualidad dominaron en Europa antes de que las culturas clásicas y las que provenían de Mesopotamia y la zona del Mediterráneo se extenderían. En anteriores artículos se ha mostrado algunos de sus mitos y aspectos de su religión, en el presente trabajo se profundiza en su desarrollo y su choque con Roma.

  1. El origen de los celtas y sus migraciones.

  En la zona de Austria que hoy se conoce como Salzburgo, cerca de los Alpes, se encuentra la aldea de Hallstatt a las orillas de un lago con el mismo nombre. Es en este punto de donde surge la cultura celta. En este enclave tuvo lugar, según los yacimientos, la primera Edad de Hierro del mundo occidental, que recibe el nombre de hallstáttica, hace 3.000 años. Allí se han hallado utensilios de hierro, cerámicas, telares y un conjunto de tumbas, que evidencian el desarrollo de sus habitantes. Los restos encontrados en los funerarios muestran una rica estructura social y unas creencias religiosas. En los yacimientos se ha hallado también obras de arte como un caldero de bronce, cuyas asas están formadas por unos becerros y sus madres.

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Otros yacimientos famosos y cercanos a los de Hallsttat son los de La Tène, al noroeste de Suiza, cerca del lago de Neuchâtel. Su datación los coloca en la Edad de Hierro. Se conservan parte del poblado, utensilios y armas de bronce y hierro, así como objetos de adorno decorados con triskeles y espirales, propios del arte celta. Se ha fechado esta estación arqueológica como el segundo período de la Edad de Hierro europeo. Representa el mayor esplendor del pueblo cleta hasta que fueron sometidos a los romanos y sus costumbres se mezclaron con las de sus conquistadores.

De estos puntos surgieron las migraciones de este pueblo que se extendió por toda Europa y se mezcló con las culturas anteriores. Los motivos de esta expansión se debieron probablemente a la búsqueda de mejores pastos, ya que eran principalmente ganaderos.

La oleada más importante se desplazó hacia norte hasta alcanzar la zona de Dinamarca y buena parte de la orilla meridional del Báltico. Establecieron lazos con los pueblos germanos, cuya cultura era también celta, y se establecieron a lo largo del Rhin. Pasaron a Francia, asentándose sobre todo en la Galia- cuyo nombre se debe a una tribu celta- y de ahí cruzaron hasta las Islas Británicas.

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Hacia el este los celtas siguieron el valle del Danubio, llegando hasta el mar Negro e instalándose en Ucrania, Bulgaria e, incluso, Turquía. En Ucrania se mantiene hoy día un territorio llamado Galitzia, como en España, lo que muestra el origen común de este nombre.

Su llegada a Italia fue más sencilla debido a la cercanía. A pesar de la mezcla con el mundo romano se mantuvieron elementos celtas, sobre todo en el norte de Italia y la zona de los Alpes. Los grupos célticos cruzaron desde Francia los Pirineos y entraron en Iberia. Estos celtas se dividieron asentándose algunos en las riberas del Ebro, otros marcharon hacia Galicia y Asturias a través de la Cordillera Cantábrica, otros se encaminaron al sur entrado en contacto con los pueblos iberos, y unos pocos permanecieron en el pirineo catalán, en la zona de Cerdanya.

  1. La cultura celta.

Como ya se ha indicado la principal actividad de este pueblo era la ganadería, pero eran también excelentes orfebres y artesanos. Las relaciones con los pueblos, con los que se iban cruzando en sus migraciones, solían ser buenas. Se les conocía no sólo como guerreros, sino también como comerciantes.

Entablaron relaciones comerciales con los reinos de Tartessos, con los fenicios, los griegos y los cartagineses, con que ayudó a su desarrollo sociocultural. Los celtas, a cambio de manufacturas como telas, seda, porcelanas e, incluso, vino, proporcionaban a estos pueblos excelentes ganados, pieles, cerámicas y piezas de orfebre. Este comercio se mantuvo hasta las invasiones romanas.

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En cuanto a la estructura social los celtas tenían una sociedad divida en clases. Cabe destacar entre estas clases a sus sacerdotes, los druidas. La propiedad de la tierra pertenecía a la misma comunidad, según Diodoro de Sicilia, por lo que había una distribución equitativa. También se sabe que consideraban el derecho de propiedad, incluso a las mujeres, como puede verse en la Brehan Laws.

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Por otro lado, fueron retratados por los historiadores romanos como grandes guerreros. Se decían que volvían a casa después de la batalla con la cabeza de sus enemigos colgada de sus caballos. Polibio, historiador romana, afirma que incluso heridos con flechas y jabalinas clavadas mantenían con una ciega furia el combate. Se arrancaban las jabalinas para lanzarlas contra sus enemigos. De ahí que en Hispania el propio emperador Octavio Augusto se viera obligado en dirigir el combate para doblegar a las revueltas y luchas desde los bosques y montañas, que solían utilizar los celtas en su propio provecho.

La valentía y el combate eran considerados, como en los pueblos vikingos, una forma de alcanzar la gloria en el Más Allá. Además los druidas los inducían al combate y a la rebelión frente a Roma.

  1. La Guerra de las Galias.

Una muestra de este ardor frente al enemigo son las crónicas escritas por Julio Cesar en su campaña en las Galias. La desorganización de las tribus celtas frente al ejército romano fue uno de los elementos importantes en la derrota de estos pueblos. Hay que tener en cuenta que el Imperio romano ofrecía sus servicios y protección a los pueblos conquistados y permitían la libertad de culto, mezclando en muchas ocasiones sus propias creencias con las de estos pueblos. De ahí que el dios celta Lug fuera asimilado a Mercurio.

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Cuando Julio Cesar llega a Galia se da cuenta de la división y las luchas entre las distintas tribus celtas y lo aprovecha a su favor. Se dedicó a avivar estas rencillas como estrategia bélica. A pesar de ello los combates entre celtas y romanos fueron constantes. Hubo héroes celtas, como Dumnórix, que buscaron unificar las tribus contra los enemigos comunes, los romanos y los germanos, que también les hostigaba por el norte.

Dumnórix consiguió alguna victoria, pero la desunión y las luchas de poder jugaron en su contra y favorecieron a Roma. Los druidas lo elevaron a la categoría de héroe y lo hicieron ascender al plano de los dioses.

Este héroe fue capturado tras una batalla, pero sabiendo que su destino era Roma, donde sería exhibido en el Coliseo, se escapó. Cesar mandó a una tropa de caballería en su busca con la orden: “Traedlo o Matadlo” Pero el guerrero celta no se rindió y fue muerto por los romanos. Según las crónicas Dunnórix murió diciendo: “Soy un hombre libre en un estado libre.”

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Tras su muerte hubo algunas tribus que se levantaron para luchar contra Roma. Los druidas son los que organizan estos combates y levantamientos, pero se dan cuentan de que el poder de Roma sigue avanzando rápidamente. Además se extiendía la conciencia de unirse contra el poder del Imperio y destruir a Cesar. Por ello surge otra figura de renombre, Vercingetórix. La historia de este guerrero tiene un halo de misterio y magia.

Según la leyenda Vercingetórix fue un druida que nació bajo el augurio de una profecía. Cuando su cuerpo tomó el halito de vida absorbió la esencia de los espíritus de la guerra. Lo que sí parece cierto es que el último caudillo galo. Había estudiado los sistemas militares usados por los romanos. Cesar cuenta que era un jefe severo con sus tropas y oficiales. Pero, a pesar de sus pequeñas victoria y sus estrategias, Vercingetórix se vio obligado a rendirse ante Cesar.

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Hubo otros héroes y guerreros que se enfrentaron al poder de Roma, pero al final este Imperio se extendió hasta las Islas Británicas, a excepción de Irlanda. La situación de esta isla tan al norte y su poco valor estratégico y económico la dejo libre de la dominación e influencia romana. De ahí que muchos mitos y leyendas de origen celta se mantuvieran en la tradición de estos pueblos y pasara posteriormente al resto de las Islas Británicas. Su influencia se ve en el ciclo artúrico y otras leyendas medievales, de las cuales ya se ha hablado en otros artículos.

Bibliografía:

Ávila Granados, Jesús, (2007), La mitología celta, ed. Martínez Roca, Madrid.

Bartolotti, Alessandra, (2011), Mitología celta y nórdica, ed. Robinbook, Barcelona.

Boron, Robert de, (2012), El mago Merlín, ed. Brontes, Madrid.

Monmouth, Geoffrey de, (2004), Historia de los reyes de Britania, ed. Alianza, Madrid.

Sainero, Ramón, (1993), Sagas celtas primitivas, Madrid, ed Akal.

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