Halloween y la fiesta de difuntos.

Parece que hoy en día la festividad de Halloween ha cogido fuerza en el mundo occidental. Se suele decir que es un invento de Estados Unidos, lo cual no resulta del todo cierto. El renacimiento de esta fiesta sí se da en el país americano a finales de los años 70 y se populariza gracias al auge del cine y las series estadunidenses. Sin embargo, las raíces de esta fiesta son mucho más antigua.

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  1. La cristianización del Samain.

A finales de octubre y principios de noviembre tiene lugar una de las festividades más antigua de la historia de Europa, la fiesta de los difuntos. Los ritos y creencias acerca de la vida más allá de ésta se remontan a la prehistoria. El culto a los muertos es, por tanto, un elemento esencial de occidente y de cualquier cultura, ya que se puede ver este tipo de rituales y festividades extendidos por todo el mundo.

Cuando se comparan las distintas culturas se muestra una serie de rasgos similares entre ellas. Esto se debe en el caso de Europa a que la fiesta de difuntos, conocida hoy en día con el nombre de Halloween, ancla sus raíces en ritos paganos. La fiesta de difuntos es en realidad un antiguo festival pagano de los muertos. La iglesia cristiana al no poder eliminar este tipo de creencias en las zonas rurales, optó por asumirlas. La adaptación de una fiesta pagana a una cristiana es una práctica común en la historia del cristianismo.

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A finales del siglo x en Francia el abad, Odilón, del monasterio benedictino de Cluny, propuso celebrar el 2 de noviembre una misa solemne por todos los difuntos. Esta costumbre se extendió con rapidez por el resto de diócesis, lo cual muestra el arraigo de la festividad pagana de los muertos. Gradualmente quedó establecido el festival de los Fieles Difuntos en todo el mundo cristiano. Aunque la iglesia no le dio mucha importancia a esta festividad, la popularidad de la misma creció. Consciente de su origen pagano las autoridades evitaron insistir en su observancia, pero el fervor de la gente no dejó morir la antigua práctica.

En realidad la festividad de los muertos proviene de la cultura celta y era conocida con el nombre Samain o Samhain. El primero de noviembre era el día de Año Nuevo en el calendario celta. De ahí que estuviera, como otras festividades del cambio del año, asociada con la muerte. En el año 835 d. C. se instituyó en Francia y en Alemania por orden del emperador Luis el Piadoso la fiesta de Todos los Santos el 1 de noviembre. El papa Gregorio IV aconsejó en favor de proponer esta práctica en un intento de sustituir el antiguo ritual centrado en las ánimas de los familiares por los santos cristianos. De esta forma en lugar de eliminar una creencia muy arraigada en la Europa rural se la dotaba de un significado cristiano.

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Sin embargo, se puede conjeturar que el intento de desviar la devoción de los difuntos a los santos no fue del todo un éxito. De ahí que unos años después, en el año 998 d. C., el abad Odilón propusiera la Fiesta de los Difuntos el día 2 de noviembre. De esta forma se puede destacar que ambas fiestas son el reducto del festival pagano de los muertos.

  1. Las costumbres de las Fiestas de las Ánimas.

Las prácticas alrededor de estas fiestas, a pesar de la presión de las autoridades cristianas, mantuvieron sus rasgos paganos. Por ello una de las costumbres más comunes en la víspera de Todos los Santos era la adivinación a través de distintos métodos. Conviene destacar que en el calendario litúrgico las fiestas comienzan siempre con el rezo de vísperas, es decir, en día anterior. Lo mismo ocurre con la Festividad de Todos los Santos o con el día de Navidad. Esto no es una práctica exclusivamente cristiana, sino que se da en muchas creencias, donde el rito da comienza al caer la tarde del día anterior.

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En el caso de los rituales de adivinación asociados a Halloween se puede ver que los preparativos se realizan la noche anterior, siendo ésta una de las noches más mágicas del año. En el condado de Queen, en Irlanda, se puede ver un ejemplo de estos ritos de adivinación. Las niñas salían a los jardines con los ojos vendados y arrancaban coles: si la col tenía buen tamaño, la niña tendría un esposo atractivo, pero si el tallo estaba torcido el futuro esposo sería un viejo tacaño.

Prácticas de este estilo se pueden rastrear por toda Europa, aunque más hincapié en los países con raíces celtas. La adivinación también se hacía dejando gotear en una tina de agua fría plomo fundido. Dependiendo de la forma que cogiera el plomo se auguraba un futuro u otro al niño. En muchas ocasiones a estos rituales se les asociaba una invocación al demonio o a las brujas, lo que muestra la demonización de las antiguas creencias y, a la vez, su arraigo.

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Otra de las costumbres asociada a la noche de los Difuntos es la de encender luces y hacer fuegos. Junto las famosas fogatas de la noche de Beltane los fuegos de Halloween son los más conocidos. Las fechas más señaladas en el calendario celta son la noche de los difuntos y la víspera del primero de mayo.

Resulta curioso que ninguna de ellas coincida con un momento astronómico ni agrícola importante, como sí ocurre con la fiesta de San Juan (anteriormente al dios Beltane) o la Navidad. La explicación de la elección de tales fechas es sencilla, si se fija en que la cultura celta era predominantemente ganadera. El primero de mayo, que coincide hoy día con la fiesta de los mayos y la noche de Walpurgis, era el día en el que se llevaban a los pastos a los ganados, después del largo invierno. El primero de noviembre era el momento de guardar el ganado en el establo y se consideraba el comienzo del invierno. Es cierto que la festividad sufría algunos cambios dependiendo de la zona. Para los pueblos teutones el comienzo del invierno se celebraba antes que para los celtas, ya que el clima era más suaves para estos últimos.

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Volviendo a la costumbre de encender fuegos en estas fiestas señaladas, se debe a la influencia bienhechora de este elemento. Ya se ha hablado, cuando se expuso el origen de la fiesta de San Juan, sobre la influencia benéfica y purificadora de las fogatas. Además de esta función, en la noche de los difuntos se encendían velas en las casa o en los cementerios para guiar a los espíritus de los familiares. De esta forma los difuntos pueden hallar el camino de regreso a casa. Conviene destacar que según las leyendas esta noche las barreras entre el mundo de los muertos y de los vivos desaparecen.

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En algunas partes de Europa se hacían lámparas con nabos, a los se les hacía inscripciones en los lados. De esta forma brillaban en la oscuridad. Posteriormente el nabo fue sustituido por las calabazas, quedando éstas como uno de los símbolos más famosos de Halloween.

A los difuntos no sólo se les dejaba luces para que pudieran llegar a la casa de los familiares, sino que se les preparaba una comida. Se creía que de esta manera los muertos podían calentarse y saciar su hambre y su sed. Esto dio lugar a la aparición de los pasteles de las ánimas o el pan de ánimas en la Europa central y en España a los huesos de santos y los buñuelos. Todo ello se basa en la idea de que hay que alimentar a los muertos. En algunos lugares se decía que por cada pastel que uno come un alma queda liberada del Purgatorio. En otras zonas se arrojaba comida al fuego para las desdichadas almas o se dejaba fuera de las casas o se las repartían a los pobres del pueblo. Normalmente esto iba acompañado de plegarias, rezos y canticos.

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La fiesta de Truco o Trato propia del mundo anglosajón tiene este mismo origen. Los dulces que se reparten entre los niños es el reducto de estas ofrendas a los muertos y a los espíritus, sobre todo para alejar a ciertos espíritus malevolos. Aunque hayan perdido, como en muchos casos, su simbolismo religioso y sólo quede el elemento lúdico acrecentado por la sociedad de consumo.

Al ser tantas las costumbres y rituales que se pueden ver en esta fiesta, se va a dividir el artículo en dos partes. La semana que viene se verá el otro elemento de esta fiesta, que es el contacto con el mundo invisible de las hadas, elfos y brujas; el significado de los disfraces y algunas de las leyendas más famosas, como la de Jack.

Bibliografía:

Frazer, James G, (2011), La Rama dorada. Magia y religión, México, ed. Fondo de Cultura Económico.

Markale, Jean, (2002), Cuentos y leyendas de los países celtas, Noia, ed Toxosoutos.

Sainero, Ramón, (1985), Leyendas celtas en la literatura irlandesa, Madrid, ed. Akal.

La semana pasada se veía el origen de la fiesta de los difuntos y las distintas costumbres que la envuelven. En el presente ensayo se va a profundizar en otros aspectos que se dejaron de lado.

1. La noche de los espíritus.

Samhain celta ha sido siempre una festividad que vincula el mundo de los vivos con el de los espíritus. Por ello se creía que no sólo los difuntos regresaban sino también los seres del mundo mágico. Estos seres no siempre eran beneficiosos para el hombre, lo que ha llevado a asociar la fiesta de los difuntos con seres malignos, como brujas o duendes y demonios. Las brujas, según las viejas tradiciones europeas, aumentan sus vuelos esta noche que da paso al invierno montadas sobre sus escobas o sobre sus gatos negros causando daño a todo aquel que se cruza en su camino. Hay dichos populares que muestran estas creencias:

“Ya llega Hallowe´en, ya llega

La brujería (o adivinación) se pondrá en marcha,

Las hadas irán a toda prisa,

Corriendo en cada desfiladero.

Niños, niñas, eviten los caminos.”

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Esta festividad está impregnada con el hechizo y el miedo. Las prácticas de adivinación, de las que se hablaba la semana pasada, eran una muestra de la relación entre la brujería y la fiesta de los difuntos. Hoy día, aunque el elemento lúdico sea el predominante, se la sigue considerando la noche de las brujas. De esta asociación viene la tradición de contar cuentos de miedo, de aparecidos en encrucijadas o de encuentros con hadas y elfos.

En algunos lugares las hogueras que se encendían este día tenían el propósito de mantener a estos seres lejos de las casas. En la isla de Man, otro país con gran tradición celta, la víspera de Todos los Santo se celebraba encendiendo fuegos cuyo objetivo era prevenir la influencia maléfica de las hadas y las brujas. Esta idea del fuego como elemento protector y purificador está muy extendida por los lugares de origen celta, la Queimada gallega con su Conxuro o las hogueras de la noche de San Juan tendrían idéntico fin, alejar los maleficios.

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Las brujas y hechiceras eran temidas por su poder, incluso antes de la entrada del cristianismo. Las hadas y elfos, sin embargo, no tienen siempre intenciones malvadas, en algunas de las historias prestan ayudan a los hombres. Pero, cuando estos fallan en alguna condición que les han dado, los objetos o beneficios desaparecen. Hay casos en los que las hadas pueden vengarse de los hombres.

2. Las leyendas de hadas en la noche de Samhain.

En el condado de Mayo, en Irlanda, se cuenta una historia que puede servir de ejemplo del poder de los seres invisibles. Se dice que esta zona vivía un hombre con su mujer, que tenían una hija ciega y eran muy pobres. La noche de Samhain, cuando el mundo de los muertos estaba en contacto con el de los vivos y cuando los “sidhs” (promontorios de las hadas de origen megalítico) estaban abiertos, salió el hombre a pasear. Casi nadie se aventuraba en esta noche fuera de casa, pero Paidin, como se llama este hombre, sentía todos los días la necesidad de pasear sin saber por qué.

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Cuando el pobre granjero pasaba cerca de una vieja iglesia empezó a sentir frío y quedó paralizado de miedo. Un fantasma salto desde un árbol a su lado. El muerto le aseguró que no le haría ningún daño, pero que debía acompañarlo a ver a la comitiva de las hadas, ya que se iba a jugar y necesitaban de un mortal. Paidin se agarró al fantasma y fueron saltando de árbol en árbol hasta llegar a la cima del Gran Neifin.

Al poco tiempo llegaron las hadas de Connaugth y luego las de Munster. Conviene señalar que estos son dos de los antiguos condados irlandeses. Los dos equipos se pusieron a jugar a la pelota en presencia del granjero y del fantasma, que hicieron de árbitros. La victoria se decidió a favor de las hadas de Connaugth, quedando para jugar de nuevo la víspera del primero de mayo, la otra festividad celta. En recompensa por haber mediado entre ellos las hadas le dieron dos bolsas de monedas de oro.

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El fantasma llevó de nuevo a Paidin a la iglesia y le enseñó cómo podía curar a su hija de la ceguera. También le entregó un puchero que le entregaría cualquier alimento que precisase sólo con golpearlo tres veces y pronunciando: “Alimento, bebida y gente de servicio”. Por último, el fantasma le advirtió que no dijera nada a nadie de lo que había visto ni de las maravillas que había obtenido o todo desaparecería.

Paidin pudo curar a su hija y se hizo pronto un hombre rico. Pero al no guardar el secreto del caldero éste le fue arrebatado. Esto suele ser un tópico en los cuentos y leyendas populares, la prohibición de hablar de ciertos regalos o maravillas que se han visto.

Otra tema clásico de la cultura celta es el del caldero mágico, que no sólo abastecía de comida, sino que era capaz de proporcionar sabiduría e, incluso, de resucitar a la gente. Este caldero sería similar a la cornu copia del mundo griego, que concede todo lo necesario a quien lo posee. Con la entrada del cristianismo el caldero celta se convertiría en el Santo Grial, que es descrito en los primeros textos, como un plato hondo.

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3. La historia de Jack.

Una de las leyendas más extendida de la noche de Halloween es la de Jack, quien deambula eternamente entre el cielo y el infierno. Según la historia, Jack se vanagloriaba de ser más inteligente que nadie. Una noche que había más de la cuenta reto, delante de sus amigos, al demostrar que más inteligente que el propio demonio. Todos en la taberna callaron ante estas palabras atemorizados. Pero Jack salió de allí con la cabeza alta. Fuera se encontró con un personaje alto que iba embozado en una capa oscura. Sintió miedo por primera vez, pero se sobrepuso y le preguntó al extraño que quién era y qué quería. Aquel hombre le contestó que era el demonio y había venido a responder al reto.

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A pesar del miedo Jack le invitó a la taberna, donde estuvieron bebiendo, jugando y hablando durante horas. Al final el demonio le dijo que se lo llevaría al infierno por su soberbia y orgullo. Entonces Jack le respondió que primero quería ver una muestra de sus poderes. Quería ver si se podía convertir en algo pequeño, como una moneda. El demonio picado en su propio orgullo se convirtió en moneda. Entonces Jack la tomó y se la metió en el bolsillo, donde llevaba un crucifijo de plata. De esta forma el demonio no podía salir de ahí. Jack hizo un trato con el diablo. Le liberaría si no se presentaba ante él en un año.

Pasado el año el demonio regresó a buscar a Jack, pero esta vez sin partidas de cartas ni bebidas en la taberna. Sin embargo, el ladino Jack pidió un último deseo antes de partir hacia el infierno, una manzana de la parte más alta de un árbol cercano. El demonio se lo concedió trepando hasta la copa. En esto Jack garbó un crucifijo en el tronco impidiendo al diablo bajar del árbol. Llegaron, pues, a un nuevo acuerdo, en esta ocasión el demonio dejaría tranquilo al viejo jugador para siempre.

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Pero ocurrió que Jack murió al poco tiempo. Se dirigió primero al cielo, donde San Pedro le negó la entrada por su conducta altiva y su orgullo. Rechazado fue entonces al infierno, no pudiendo entrar ya que el pacto entre él y el demonio seguía vigente. Jack se vio condenado a vagar del cielo al infierno por toda la eternidad. Para alumbrarse el diablo le entregó un nabo hueco con un ascua del propio infierno. Posteriormente la historia sustituyo el nabo por una calabaza. Éste es uno de los relatos en los que se trata de explicar el origen de las linternas de la fiesta de difuntos. Tanto la manzana como la calabaza se recogen en las inmediaciones de esta festividad. De ahí que hayan quedado como símbolos de la misma.

La leyenda de Jack y el demonio tiene distintas versiones. Algunas afirman que el hombre se jugó a los dados o a las cartas su alma engañando en dos ocasiones al demonio. Otras, sin embargo, cuentan que el demonio cansado de las tretas de Jack le cortó la cabeza. Por ello las calabazas de Halloween tienen talladas sus facciones. Sea como sea este personaje goza de gran popularidad sobre todo en el mundo anglosajón, de donde proviene la leyenda. Además su fama creció al encarnar a uno de los personajes más conocidos del director Tim Burton, Jack Skeleton.

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Bibliografía:

Frazer, James G, (2011), La Rama dorada. Magia y religión, México, ed. Fondo de Cultura Económico.

Markale, Jean, (2002), Cuentos y leyendas de los países celtas, Noia, ed Toxosoutos.

Sainero, Ramón, (1985), Leyendas celtas en la literatura irlandesa, Madrid, ed. Akal.